Vela Zanetti en La Robla, León

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La Escuela de Formación Profesional “Virgen del Buen Suceso” de La Robla se inaugura oficialmente el 15 de agosto de 1965, desde su fundación se dedica a la promoción social de los jóvenes de la zona, primero como Escuela Minera, impartiendo las especialidades de minero exterior, minero cantero, construcciones metálicas y electricidad.

Allí llegó Vela Zanetti un día de lluvia y frío, el 19 de enero de 1965, recién construido el conjunto de edificios, una de las obras sociales más importantes de la Sociedad Minera. En ese momento, Vela estaba trabajando en el mural del Hotel Conde Luna de León.

El encargo de realizar murales en los diferentes espacios del Centro de F.P., fue del director y presidente de la Hullera Vasco Leonesa, Antonio del Valle. Vela se instala definitivamente en La Robla el 6 de marzo de 1965, eligiendo para su trabajar uno de los talleres de Soldadura y Calderería del Centro.

Se le ofrecía “una aventura plástica que seguramente a todo artista le gustaría emprender”, según sus propias palabras. Allí se sintió como un artista del renacimiento italiano, ya que le permiten fraguar sus ideas con absoluta libertad.

Primero hizo los anteproyectos que fueron el punto de partida. Cuantos más metros de muro tuviese más feliz era.  El carbón junto con el carbonero y el minero son temas presentes en sus obras. Un hombre, manos, brazos, rostros llenos de fortaleza. Y es que Vela Zanetti sigue una firme concepción del trabajo y, como afirma Antonio Fernández Spencer, “sólo después de un sólido y sostenido estudio se vuelca, con el espíritu de su trabajo incansable, sobre los muros”.

El artista vivía y sentía con la comunidad educativa, comía y cenaba con alumnos y salesianos, compartía tiempo y charlas con los obreros de la empresa (algunos llegaron a ser amigos entrañables). Bajaba a la mina, para captar el ambiente siempre distinto de pozos, galerías, rostros y manos.

Una mirada a los obreros de Vela Zanetti es volver a ver a la España de antes, no hacia el costumbrismo regionalista, sino hacia el ámbito de la dignidad humana, desde el amor a los trabajadores de la mina: Muchas veces — explica el artista— , cuando me levantaba al amanecer para pintar, escuchaba sus primeras toses, pensaba en los jornales que ganaban y me decía que, al fin y al cabo, estábamos embarcados en la misma tarea, que yo dejaba testimonio de sus sudores, de sus fatigas. El ver el rostro de la gente te humaniza, y es inhumano comerciar con su dignidad.

Vela no se conformó con pintar unos murales, innovó la aplicación de técnicas nuevas, experimentó con éxito en cerámica, creando un taller en el centro, incluso se atrevió con la cerrajería y el labrado, todo un muestrario de arte que perdura en La Robla para disfrute de los que lo quieran admirar.

Concebida su obra en su conjunto, no hay tanto Vela concentrado en ningún sitio de España. Después de 33 años (en 1998) volvió a La Robla. El artista dejó plasmado en los murales el contacto que tuvo con la mina y su entorno, con sus hombres y sus sentimientos y dejó un profundo surco de amistad entre todos los que le conocieron y trataron. “La Robla está presente en la memoria de mi corazón y la mina es una de mis grandes pasiones». Así lo dijo Vela Zanetti frente al mural de “La Mina” el 17 de septiembre del 1993, después del acto que había iniciado la celebración del Primer Centenario de la Hullera Vasco Leonesa.

En 1998 con 84 años, uno antes de su muerte, deja una hoja manuscrita: La mina sigue viva en su corazón y su recuerdo.

 

 

 

 

 

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